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Resumen
La inteligencia artificial puede apoyar a emprendedores mayores de 50 años en tareas como preparar propuestas, organizar consultas y comunicar sus servicios. Elizabeth Gómez, de la Universidad del Pacífico, plantea combinar estas herramientas con el conocimiento del sector y la relación con los clientes.
La experiencia de negocio puede orientar el uso de nuevas herramientas. Elizabeth Gómez, de la Universidad del Pacífico, propone empezar por tareas concretas y aprender entre generaciones.
Lima, Perú, 30 de octubre de 2026.— Redactar una propuesta, ordenar consultas de clientes o preparar la promoción de un producto son algunas de las tareas en las que la inteligencia artificial puede apoyar a los emprendedores mayores de 50 años. Elizabeth Gómez, jefa de Proyectos Estratégicos de la Universidad del Pacífico, plantea combinar estas herramientas con el conocimiento acumulado del negocio, sin desplazar el criterio de quien lo dirige.
El punto de partida no tiene por qué ser aprender muchas aplicaciones. Puede ser una dificultad cotidiana: dedicar demasiado tiempo a responder las mismas preguntas, encontrar cómo presentar un servicio o convertir años de experiencia en una oferta que otros puedan comprender y contratar.
La inteligencia artificial puede generar incertidumbre porque es una tecnología que cambia rápidamente y existe el temor de que reemplace determinadas capacidades. Sin embargo, para un emprendedor 50+ también representa una oportunidad para poner en valor todo lo que ha aprendido. La experiencia, el conocimiento de un sector y la relación con los clientes pueden potenciarse cuando se combinan con nuevas tecnologías”, explica Gómez.
Empezar por lo que el negocio necesita
La expresión emprendimiento silver se utiliza para referirse a iniciativas de personas de 50 años en adelante. Es una categoría amplia: reúne trayectorias, recursos y habilidades digitales muy diferentes. La edad, por sí sola, no permite conocer cuánto domina alguien una tecnología ni qué apoyo necesita.
Por eso, una incorporación útil de la Inteligencia Artificial debería comenzar con una pregunta concreta: ¿qué tarea quiero mejorar?
Gómez identifica cinco posibilidades que van desde convertir la experiencia en un servicio hasta colaborar con otras generaciones. Su aplicación puede comenzar con ejercicios pequeños, cuyos resultados sean fáciles de revisar.
Convertir la experiencia en una oferta
Una persona con años de trabajo en mantenimiento, cocina, ventas o administración puede utilizar un asistente de la IA para explorar cómo organizar ese conocimiento en asesorías, servicios o capacitaciones.
La herramienta puede ayudar a redactar una descripción, comparar formatos y preparar preguntas para posibles clientes. La demanda, sin embargo, debe comprobarse hablando con personas reales. Una idea bien presentada todavía necesita compradores.
Escuchar mejor a los clientes
Ordenar preguntas frecuentes o comentarios puede revelar dudas que el negocio no está resolviendo: cómo funciona un producto, cuánto tarda una entrega o qué incluye un servicio.
La IA puede apoyar esa clasificación, siempre que se evite ingresar información personal o confidencial sin las condiciones adecuadas. Para una primera prueba, es posible trabajar con ejemplos anónimos y revisar si las categorías propuestas representan lo que realmente preguntan los clientes.
Recuperar tiempo de trabajo
Preparar un primer borrador de cotización, un mensaje de seguimiento o una publicación comercial puede reducir trabajo repetitivo. El emprendedor conserva la revisión de precios, fechas, condiciones y compromisos.
Una instrucción concreta ayuda: explicar qué se vende, a quién se dirige el mensaje y qué información debe incluir. Después corresponde corregir el texto para que suene como el negocio y no prometa algo que este no puede cumplir.
Compartir conocimientos en otros formatos
Un oficio también puede explicarse mediante una guía, un tutorial o un taller. La IA puede ayudar a estructurar el contenido y adaptar su lenguaje para distintos públicos.
El valor permanece en quien conoce el trabajo: sus ejemplos, decisiones y aprendizajes. Esa experiencia permite detectar recomendaciones que parecen convincentes, pero no funcionan en la práctica.
Aprender entre generaciones, sin repartir capacidades por edad
La colaboración intergeneracional puede facilitar el intercambio de conocimientos tecnológicos, comerciales y profesionales. Para que resulte productiva, conviene identificar qué sabe cada participante, en lugar de asignarle un papel por su edad.
Los jóvenes pueden acercar nuevas herramientas y formas de trabajar, pero también encontrar en las personas mayores de 50 años conocimientos del mercado y aprendizajes que no se adquieren rápidamente. La innovación puede surgir cuando diferentes generaciones comparten lo que saben”, agrega Gómez.
Ese intercambio puede tomar una forma sencilla: dos personas prueban una herramienta para resolver una tarea del negocio, revisan juntas el resultado y documentan cómo repetirla. La formación deja así una capacidad que puede utilizarse después.
También importa la accesibilidad. Instrucciones claras, textos legibles, tiempo para practicar y espacios donde preguntar sin vergüenza favorecen el aprendizaje a cualquier edad.
Medir una mejora antes de sumar otra aplicación
Para un pequeño negocio peruano, la primera evaluación puede concentrarse en una tarea durante una semana. ¿Se redujo el tiempo de preparación? ¿Hubo menos correcciones? ¿Los clientes comprendieron mejor la propuesta?
Esas respuestas permiten decidir si conviene continuar, cambiar la instrucción o abandonar la herramienta. También ayudan a evitar suscripciones que añaden gastos sin aportar una mejora comprobable.
La inclusión digital requiere acceso, acompañamiento y posibilidades de elegir. Un emprendedor debería poder comprender qué hace la herramienta, reconocer sus límites y conservar alternativas cuando no resulte adecuada.
Para Gómez, “el desafío está en descubrir qué nuevas posibilidades aparecen cuando la experiencia se encuentra con herramientas que permiten elevar la productividad, probar más rápido y llegar a nuevos públicos. En esa línea, en Emprende UP venimos desarrollando programas y espacios de formación orientados a fortalecer las capacidades de las personas 50+ y acompañarlas en la construcción de nuevas oportunidades de emprendimiento”.
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