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El Vamping tecnológico impide a los adolescentes dormir lo suficiente. Por el Vamping el 81,5 % de los jóvenes ha modificado sus ritmos de sueño y llega a recibir o enviar hasta 100 mensajes diarios a través de su móvil. Las vacaciones escolares y las consecuencias del confinamiento provocan un aumento del número de menores enganchados a la pantalla en horario nocturno.

Lima, Perú, 17 de agosto del 2021.— Los adolescentes se van a la cama a deshora y con el móvil en la mano, sobre todo en vacaciones. Este es el caldo de cultivo para que aparezca el vamping tecnológico. Este fenómeno, del que se habla desde hace años, provoca la pérdida de horas de sueño por estar frente a la pantalla y, tras el confinamiento, es más posible que el problema se agrave o atrape a los adolescentes.

Así lo consideran los expertos, que advierten de consecuencias «nocivas» para la salud mental y física de los jóvenes, por lo que recomiendan a los padres que impongan límites en el uso de los dispositivos.

Las rutinas son muy importantes: hay que establecer horas fijas para acostarse y levantarse», recomienda Diego Redolar, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigador del grupo Cognitive NeuroLab y del instituto Brain 360. Por su parte, José Ramón Ubieto, docente colaborador de estos estudios, llama a «negociar y establecer momentos en los que no se pueda usar las pantallas» para evitar este tipo de abuso.

Ambos expertos advierten de que el encierro que supuso la pandemia del coronavirus ha «exacerbado» el número de horas que los jóvenes pasan con el móvil o la tableta, y alertan de los efectos. «Con la desescalada surgen otras acciones más sociales, de contacto, pero quedará mucha de esa actividad nocturna porque se trata de una conexión que no es solitaria, la hacen con otros», expone Ubieto. Redolar añade que, con la finalización del curso, las rutinas «se ven diluidas» y, por tanto, el vamping se ve más «agravado».

Un estudio del año pasado advierte de que el 81,5 % de los jóvenes modificó sus ritmos de sueño y muchos tuvieron problemas para conciliarlo. Algunos llegan a recibir o enviar hasta 100 mensajes diarios a través de sus dispositivos móviles. Los investigadores reconocen que los nervios o la preocupación por la COVID-19 pudieron afectar, pero también apuntan al «uso exagerado» de dispositivos tecnológicos durante la noche.  

La falta de sueño tiene efectos en el crecimiento

Hace muchos años que los estudios concluyen que, en todas las partes del mundo, los adolescentes duermen hasta una hora menos que hace un siglo. Y también hay muchas pruebas de que la falta de sueño no solo provoca irritabilidad, cansancio, dolor de cabeza o falta de atención, según enumera Redolar, como en los adultos, sino que tiene efectos en el crecimiento.

Hasta los 20 o 25 años, el sistema nervioso no está desarrollado, y hay que cumplir una serie de hitos; si no se duermen las horas necesarias, además de las consecuencias para la persona adulta, estamos olvidando algo muy importante para el desarrollo cerebral», alerta. La luz de las pantallas en horas en las que se debería estar durmiendo, relata, «envía al cerebro información contradictoria» que puede afectar a diferentes sistemas del organismo y a la regulación de nuestros ritmos endógenos.

Lo que mantiene despiertos a los jóvenes son, principalmente, las redes sociales, que se han convertido en una «nueva realidad» para el colectivo, afirma Ubieto. En ellas se entretienen e interactúan con sus semejantes y con los influencers, y «compaginar» esa otra vida con la real «es difícil«, concluye.

Es por ello que los adolescentes restan horas de sueño y las emplean en esa vida virtual, lo que se está convirtiendo en muchos casos en dependencia o abuso «el dispositivo está pensado para que no exista un límite, para que la conexión sea non-stop, así que debe imponerse un límite exterior», señala el docente.

La recomendación de los expertos a los padres para acabar con el vamping o para evitar que aparezca es clara: vigilar el uso de las pantallas. «Se puede limitar en la habitación y permitirlo en el comedor o en otro lugar de la casa», propone Redolar, que también recuerda que los padres deben dar ejemplo: «Si nos ven con la tableta en la cama, ¿cómo vamos a decirles que no lo hagan ellos?».

Para Ubieto hay que iniciar una «negociación» con los jóvenes para «establecer momentos en los que no se puedan usar«, como, por ejemplo, la cena en familia o a partir de una determinada hora de la noche. Ambos coinciden en que no se trata de una situación sencilla, pero el profesor colaborador de la UOC anima a afrontarla por sus óptimas consecuencias.

En el colegio inglés de Eton, recuerda, se tomó la decisión de retirar los móviles para dormir y al cabo de pocos días «estaban todos muy satisfechos«. «Los chicos y chicas se habían quitado una gran presión por no tener que estar pendientes de lo que sucedía y poder descansar«, concluye.

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