“Un hombre, una mujer y un árbol. Sobre todo, un árbol.” Con esta lírica introducción, Rey Yacolca nos brinda su crítica sobre la reciente puesta en escena de la obra teatral El árbol más hermoso del mundo, protagonizada nada menos que por Salvador del Solar y la talentosa actriz Ana María Orozco
Lima, Perú, 13 de abril de 2025.— No cualquier árbol: uno que habla sin palabras, que guarda secretos sin juicio, que ha estado allí desde siempre, como testigo del tiempo y del temblor humano. En El árbol más hermoso del mundo, escrita y dirigida por el dramaturgo argentino Francisco Lumerman, el escenario se transforma en un bosque íntimo donde las palabras pesan menos que los silencios, y donde cada gesto es un intento de reconciliarse con algo que se ha perdido.
La historia, de apariencia mínima, esconde una profundidad conmovedora. Un guardaparques solitario —Salvador del Solar— conversa con Vernon, un árbol que le ha dado sentido a su mundo. Una mujer extraviada —Ana María Orozco— llega de pronto como un eco del pasado o una promesa de cambio. Entre ellos no hay grandes catástrofes ni sobresaltos: hay secretos, heridas viejas, ternura contenida. Y hay un árbol que escucha.
La escenografía no necesita reproducir la naturaleza: la sugiere. Y al sugerirla, la potencia. Vernon, ese árbol simbólico creado para la escena, tiene presencia, alma, historia. Es más que un objeto: es el alma de la obra. Como en Mi planta de naranja-lima, donde el pequeño Zezé conversaba con su árbol para sobrevivir al abandono, aquí el guardaparques convierte a Vernon en su compañero, su altar, su espejo.
Del Solar entrega una actuación tan sincera que llega a doler. Su personaje está construido con una sobriedad que conmueve. Es un Quijote moderno, dispuesto a defender sus ideales aunque eso lo aparte del abrazo humano. Hay algo profundamente peruano en su forma de resistir: callado, firme, con una melancolía que no pide permiso.
Es imposible no pensar que él, el actor, es también el hombre que alguna vez creyó que la política en el Perú podía ser un acto de dignidad. Desde el Ministerio de Cultura, intentó rescatar un barco que hoy se hunde entre nombramientos absurdos y banalidades disfrazadas de gestión cultural. Luego, como Premier, enfrentó al Congreso con lucidez, alzando su voz en medio de la podredumbre que aún hoy habita ese hemiciclo.
Que haya sido él mismo quien decidió cerrar esa etapa política sin escándalos ni cuentas pendientes que saldar, y que hoy haya vuelto al arte con la misma entereza, nos dice mucho. Hace poco nos sorprendió interpretando al general José Moncada en la esperada adaptación de Cien años de soledad, producida por Netflix, cruzando así de la historia nacional a la historia literaria de todo un continente. Es ese el mismo hombre que ahora, sobre un escenario íntimo, se aferra a un árbol como quien se aferra a su raíz: no para evadir, sino para recordar quién es.
Ana María Orozco es el contrapunto exacto: ciudad frente a campo, ruido frente a raíz. Pero también es memoria colectiva. Su rostro está grabado en generaciones como el de Betty, la fea, aquella telenovela colombiana que dio la vuelta al mundo rompiendo los cánones de belleza impuestos y desafiando la estética dominante desde la ternura, la inteligencia y el humor.
Cargar con ese pasado televisivo —uno de los mayores fenómenos culturales de América Latina— es al mismo tiempo una bendición y un peso. Y, sin embargo, en esta obra, Orozco no interpreta una parodia de sí misma. Llega sin máscaras, sin nostalgias prefabricadas. Se revela, poco a poco, como una mujer con historia propia, con silencios que pesan y con una herida que no pide lástima, sino escucha.
En medio de su extravío físico y emocional, hay una frase que marca un viraje interior: “A veces hay que perderse para encontrarse”. No lo dice como frase hecha, sino como quien se da cuenta de que la pérdida puede ser parte del camino. Es una respuesta que nace luego de escuchar al guardaparques contar la historia de un pueblo nativo que solo encontraba el equilibrio al dejarse llevar por el bosque. En esa línea, lo que se despliega no es solo un cambio de dirección, sino un nuevo modo de habitar la vulnerabilidad.
Su presencia es una brisa que se va volviendo huracán contenido. Entre ella y Del Solar no hay artificio, solo humanidad.
La dirección de Lumerman acierta en no subrayar nada. Todo es sutil: el humor seco, la emoción contenida, el conflicto que se insinúa más que se expone. En ese espacio, el espectador se convierte en cómplice, en testigo, en árbol también.
Y así, en medio de un Perú donde los discursos suenan huecos y las raíces parecen haber sido cortadas, esta obra propone algo radical: detenerse, escuchar, sanar desde lo más simple. No hay moralejas, pero sí una verdad silenciosa: hay belleza en resistir, en cuidar, en recordar. Hay belleza en no rendirse.
El árbol más hermoso del mundo no necesita ser perfecto.
Ya es hermoso porque se atreve a ser tierno en un tiempo de dureza.
Porque susurra en lugar de gritar.
Porque cree, como tú, como yo, que aún hay algo sagrado en conversar con un árbol.
Acerca de Rey Anthony Yacolca Gomez

Rey Anthony Yacolca Gomez, chalaco de nacimiento, ostenta estudios superiores de ciencias de la comunicación, durante su joven trayectoria ha alcanzando grandes logros a nivel nacional e internacional como ganar el festival internacional de la “Noche de los Cortos” en la categoría a “Mejor cortometraje universitario peruano“, al competir con las más prestigiosas universidades del país, también logró llevarse el premio a “Mejor dirección y guión“. Haciéndose merecedor a una beca para participar del taller de guión del cineasta argentino Ivan Tokman (Galardonado cineasta y ganador del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata). A su vez ganador del festival nacional “Cortos de vista” realizado en la ciudad de Chiclayo en su categoría “Mejor Guión“. Conferencista a nivel nacional y poeta, ha participado en innumerables certámenes de poesía representando al Perú y prologado varios libros de poemas entre los que se encuentran los libros del poeta limeño de ascendencia italiana Luciano Lértora, poeta que alcanzaría gran fama dentro de los grupos literarios Miraflorinos, debido a su extensa obra de gran calidad poética. En la actualidad se encuentra cursando estudios avanzados de psicología en la Universidad Privada del Norte, desempeñándose también como docente a nivel escolar y dando talleres de motivación, oratoria, poesía y teatro. Desde el 2017 también tiene el cargo de Director Multimedia & Redes Sociales en la prestigiosa Revista IT/USERS®.
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